Carlos Prieto presenta Aída, el mayor cuadro de Baleares

Carlos Prieto y su cuadro Aída. Inmediatika Revista Online.
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El próximo viernes, día 8 de noviembre, tendrá lugar en las Bodegues de Maciá Batle, de Santa María del Camí (Mallorca), un gran acontecimiento sociocultural.

El joven pintor palmesano, Carlos Prieto presentará su cuadro “Aída”, la obra de mayor formato realizada sobre tela en las Islas Baleares, y posiblemente, una de las más grandes en España, al menos en los últimos años.

Desde sus inicios en este oficio, a Prieto muchos le definen como “una esponja”, debido a su capacidad de absorber todo cuanto le puede enseñar de la vida.

El día 3 de este mes ha cumplido 26 años, lo cual sorprende al observar su obra, más propia de un pintor con muchos más años y experiencia.

Sencillo, soñador, valiente y constante, no solo nunca se rinde ante las adversidades, sino que le gusta aceptar los retos más difíciles, como ha sido el caso de esta obra, de unas dimensiones poco frecuentes, que ha puesto a prueba muchas cosas de él, entre otras, luchar contra la soledad, el cansancio, la imaginación, la perspectiva… Y lo ha hecho día y noche, encerrado en una gran carpa que le ha montado el Grupo Trui en una nave industrial a las afueras de Santa María, en la que ha ido dejando pasar la vida sin otra preocupación que la ganar unos centímetros a la tela que, a lo largo de diez meses, ha tenido frente a si, y que más de una vez ha estado a punto de doblegarle.

Pero Prieto, que a los 17 años, dejando a su familia y amigos en Palma, se fue solo a París, y un año después, buscó la inspiración en Nueva York, ha aprendido a sufrir, a caerse y a levantarse, a perseverar, y a disfrutar con lo que hace.

Y lo ha hecho pintando en la calle, en museos, en bares, donde le haya llegado la inspiración. Con otros pintores como él, mejores y peores, da lo mismo, con los que ha estado trabajando, codo con codo, un día y otro, y así año tras año.

Su camino no ha sido fácil, aunque a él tampoco le hubiera gustado que lo fuera, porque le gustan los retos, cuanto más difíciles de superar, más le llenan.

¿Que por qué un cuadro de 24 metros cuadrados? Porque siempre, desde sus inicios en la pintura, tuvo la intención de hacer un gran mural, pues se veía capacitado para hacerlo. Y no lo ha hecho por establecer ningún record, sino por el simple placer que conseguir esa ilusión de concebir una obra de grandes dimensiones, y ponerse él mismo un reto, pues considera que en la vida hay que superar muchos. Y el suyo ha sido este cuadro de 24 metros cuadrados al que se ha enfrentado durante muchos meses encerrado en una nave industrial a las afueras de un pueblo. Día tras día, semana tras semana, mes tras mes…, en completa soledad, él y su lienzo, que le esperaba cada día para que fuera dándole forma, color, imágenes, personajes… Muchas horas de sangre, sudor y lágrimas. De momentos de alegría y sufrimientos. De subidas y bajadas de ánimo.

Cuando vean el cuadro, observarán que Prieto sigue fiel a un estilo que descubrió en París, adentrándose en la vida y en la obra de Toulouse Loutrec, al que descubrió casualmente, pero que le caló profundamente, sobre todo a raíz de investigar no sólo sobre lo qué hizo, sino cómo lo hizo y por qué lo hizo, en una época repleta de romanticismo que le tocó vivir, de los lugares donde se desenvolvió, los teatros y burdeles que frecuentó, y las mujeres con las que alternó, lo cual, trasladándolo a nuestro días, ha dado un toque personal e intransferible su obra.

Respetando el gusto de todo el mundo, elude los movimientos vanguardistas, las modas y las estrellas fugaces que estas originan.

Prieto tiene su sello personal en toda su obra. Basta echar un vistazo a lo hecho por él a lo largo de los diez últimos años.

Y su inquietud por seguir aprendiendo, estudiando e investigando sobre el arte pictórico, le llevará a marcharse a la Italia renacentista, madre de casi todas las batallas que ha mantenido el Arte hasta nuestros días; donde hay mucho que ver, y donde, seguramente, encontrará a otros pintores, jóvenes y viejos, con los que pintará en la calle, en museos o estudios. Y puede que más adelante recale en Berlín, pues ahí tiene amigos, pintores jóvenes, como él, con sus mismas inquietudes. O, quien sabe… Tal vez llegue a la isla de Doré, frente a Dakar, desde donde salían los esclavos con destino a América, hoy paraíso de pintores llegados desde cualquier lugar del mundo, por tanto un campo más que abonado para el aprendizaje.

Mientras tanto, el viernes, 8 de noviembre a partir de las 20:00h en Bodegas Macià Batle, pasen y vean. “Aída” bien merece unos minutos de su atención.

 

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