Dios mío, ¡pero qué te hemos hecho!

Y heme aquí, robando (a hurtadillas de mi hija) unos minutos,  mil meses después de “prometer” escribir en mi blog con más asiduidad. Por eso me ratifico en aquello de evitar los propósitos de año nuevo por la simple razón de que, (casi) jamás se cumplen. Pero como dicen, lo importante es participar. Y yo en este juego de “editar semanalmente una revista” juego y me la juego mucho. Mientras no escribo en el blog, me multiplico por Pi mientras intento cubrir con la máxima eficacia la selección y edición de contenidos de esta revista que no se puede ni tocar ni comprar, pero que, si entiendes el español, se puede leer. Pequeña gran proeza que llevamos a cabo semanalmente desde hace casi cuatro años (sin fondos ni subvenciones), por la que, permitidme esta licencia, somo casi unos héroes. Héroes de la perseverancia y amantes de la libertad.

En plena vorágine planetaria donde la humanidad es Charlie Hebdo y tengo en jaque a media familia francesa (por parte de madre) a la búsqueda y captura de un ejemplar físico de nuestros compañeros satíricos parisinos, mi prima que es un ángel (que no una virgen) con un relevante puesto en una importantísima empresa, me lo manda versión pdf por correo. Por un momento me he sentido como Meryl Streep en El Diablo se viste de Prada cuando le exige a Emilie el último tomo de Harry Potter mucho antes de que éste sea publicado para que sus hijas gemelas lo puedan leer. Y lo he tenido colgado en mi nube casi una semana a la espera de ver qué hacer con él. Hoy, al ver que otros muchos medios lo tienen “disponible” para libre uso de sus lectores, me digo: Pues nosotros también. Así que aunque escribo mucho en la revista y poco en el blog, vaya como regalo para hacerme perdonar mis ausencias en primera persona en esta columna virtual.

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Viñetas en español

(En homenaje a toda la redacción de Charlie Hebdo)

Tras la emoción de leer esta aplastante manifestación en favor de la libertad de los franceses, de mis frères (hermanos) de nación, caigo en la cuenta de cuan ridícula puede llegar a ser la humanidad con tal de defender el postureo religioso. No voy a abrir ningún párrafo con este sujeto, pero solo decir que ¿a quién puñetas le importa lo que uno crea, profese, o venere? Cada uno que rece a su cromo favorito y a correr. A mi los cromos de fútbol nunca me han gustado pero eso no me impide vivir en plena armonía con los más forofos. Y por cierto, los álbumes de cromos me están empezando a aburrir soberanamente. Todos.

Y dicho lo cual, y como manifestación personal totalmente carente de importancia, prosigo. Tras la superviviencia a las fiestas navideñas y sus efectos colaterales, me descubro sentada ante nuestra nueva e imponente tele Panasonic de 47 pulgadas viendo una peli en 3D. Decepción inicial por pensar que las flechas de la malísima película Hércules iban a sobrepasar la pantalla y aterrizar sobre mi sofá italiano, pero no, miro a mi tropa concentrada con sus gafas negras y cara de flipe por la estupenda definición y profundidad de la pantalla, mientras yo pienso, “menuda tomadura de pelo”.

Cierro los ojos y sonrío mientras recuerdo las risas que me he echado esta tarde en el cine con mis amigas y mi hombre. Sí, he repetido y he ido a ver por segunda vez, Dios Mio, ¡pero qué te hemos hecho! . Peli francesa ( Qu’est-ce qu’on a fait au Bon Dieu?) dirigida por Philippe de Chauveron que os recomiendo encarecidamente. Más que por ser una desternillante comedia de corte muy french, con su peculiar humor y gags dignos de Louis de Funès, por su argumento, no tan lejano a la realidad más aplastante, fruto de la globalización. Id a verla, no es nada decepcionante. Claro que ya estoy deseando ver la versión original con la que sé que me voy a reír mucho más.

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Y ya que parece ser que este primer post de No me Pises el Tutú 2015 está tan afrancesado, voy a echarle polvitos mágicos y haré una incursión al mundo anglosajón. Giselle, fotógrafa de esta revista, y mi hija mayor residente en Londres desde hace un año, me manda un whatssapp emocionada. Como premio a su perseverancia, lucha y tesón está a punto de abrir su propia delegación internacional de nuestra revista íntegramente en inglés y rodeada de grandes talentos jóvenes, inteligentes y trabajadores. Eso es bueno. Algo he hecho bien. Y ella mejor.

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Sobrevivir en una ciudad como la capital del Támesis, trabajando, viviendo y manteniéndose sola con tan solo 21 años, me parece una auténtica proeza. Si a eso le sumamos las palabras, prosperar , crear y crecer, ya me parece alucinante del todo. Pero tranquilos no voy a hacer aquí un despliegue de babas (que las tengo) sobre esto o aquello de mis retoños, no, simplemente me maravilla ver que no todo está perdido y que mientras veo anoche a Francisco Nicolás espetarme a la cara que todo el sistema en España está podrido (según él, el político solo se procura el bien a sí mismo y a los suyos, ¿de qué me suena?), otros jóvenes, como mi hija y algunos miles más, salen ahí afuera en busca de algunos valores que por desgracia se han ido evaporando a golpe de desilusiones, realities y tronistas, llegando a conocer por sí mismos lo que antaño nos enseñaron nuestros abuelos: que con esfuerzo, esfuerzo y más esfuerzo, se alcanzan las metas. Eso sí, en un país donde los que mandan no juegan al monopoly con el dinero del país.

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Y hablando de más “cosas” afrancesadas. Anonadada es como me he quedado tras ver y escuchar en el programa Un Tiempo Nuevo, a la supuesta hija de Juan Carlos I, Ingrid Sartiau, hija de la belga Liliane Ghislaine Sartiau, tras el fleurt (flirteo para los que no entienden francés) de ésta con el entonces Príncipe de España, ” un hombre de 31 años de edad, muy gentil, guapo, dulce y apuesto, con los ojos azules”, y no por quien dice ser, ni por su reclamo de la paternidad de nuestro rey emérito, dicharachero, amante de las faldas y los líos que bien pudiera ser su padre, sino por ella, por esta exquisita educación calmada y burgalesa, por su compostura, por su clase, estilo y elegancia, por su “savoir faire” ante las cámaras de televisión, por su tranquilidad  y testimonio calmado, una postura tan lejana del estilo españolísimo, ese que inunda las tertulias (políticas y sociales), que a pretende esgrimir la verdad al más puro estilo Belén Esteban: “porque me sale del coño”.

Y tras pasarle el cepillo a mi gata Pelusa, me preparo un té con leche y tostadas con queso brie, que no es de régimen, pero muy francés. Como casi todo este post.

Sandra Llabrés Donadieu.

 

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