¿Donde están los valientes?

… Espero que quede alguno.

Escribo hoy enfurecida por la falta de gallardía que acabo de presenciar en la calle:

Salía yo del Mercadona, cargada con bolsas de comida en ambas manos, cuando al otro lado de calle me llamó la atención la capa de una señora de mi quinta que hablaba por teléfono. Hacía años que no veía una prenda así, de tela adamascada en tonos verdes con bordados finos en color oro y cortada al estilo Carlos III. Debía tratarse una de esas prendas que le costaron carísimas a su tatarabuela, que no se pueden tirar ni ponerse uno, que hoy llaman “Vintage”.

El caso es que reflexionaba sobre la delgada frontera que hay entre el estilazo y la extravagancia al vestir cuando un energúmeno de un metro sesenta, como máximo, con gorra de rapero y un pañuelo cubriéndole la boca, embistió a la señora de la capa, le arrancó el móvil de su mano y continuo corriendo por la acera. La señora, en el suelo, grito: “el móvil, se ha llevado mi móvil”. Solté mi compra y me puse a correr por la acera de enfrente a la altura del ladrón (ventajas de no llevar nunca zapato de tacón para ir al supermercado) gritando lo mismo que la de la capa. “él móvil, le ha robado el movil” . El ratero en cuestión, dotado con la potencia de la juventud, ( debía tener unos 16 años), corría como el diablo y se escapaba, pero, en su camino, frente a él, a unos 10 metros, había un enorme hombre barrigón que debía medir casi dos metros y no llegaba a los 40 años que había presenciado la escena igual que yo. Nos miramos, le señale al ladrón que corría hacia él por la estrecha acera , lo miró, sacó su teléfono de un bolsillo, como si tuviese una llamada, se apartó de mitad de la acera, y le dejó pasar . El pigmeo ladrón pasó como una centella por su lado, no sin antes dedicarme una mirada burlona mientras me hacía el signo del dedo y escapó.

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No lo entiendo, estaba perdido, soló tenía que entorpecerle el paso y habría caído ¿Porqué no actuó el gigante honrado? ¿Fue por cobardía? ¿Fue falta de compromiso?. Vergüenza, desde luego que sintió. Me quedé mirándolo desde el otro lado de la acera apoyada sobre mis rodillas tratando de recuperar el resuello, él bajó la mirada y se fue interpretando más embeleso, si cabía, en su conversación telefónica. Tenía el poder, y no hizo nada. Esta mezcla de #losientoesenoesmiproblema con #soyuncobardedemierda me preocupó y me hizo pensar.

¿Porqué hay tanto pasota hoy en día? ¿Que pasaría si hubiese más malos, o estos tuviesen la autoridad? ¿Hasta qué punto puede llevarnos esta actitud? Siempre me ha llamado la atención que el partido nazi ganase por mayoría absoluta y se llegase a ese nivel de atrocidad humana en Europa en pleno siglo XX .

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Los alemanes: ¿fueron realmente malvados y desalmados o se trata de un fenómeno de grupo que le podría ocurrir a cualquiera hoy en día las mismas condiciones? Por buscar un ejemplo, hoy, 70 años después del holocausto judío, ¿podrían los pasotas ante las barbaridades que allí se vieron retirarse para dejar pasar? Lamento confesar que opino que Sí. Al menos actuando como cómplices mirando hacia otro lado.

Hay un impactante poema de Martin Niemoller que explica muy bien cómo el silencio pasota fue cómplice de la barbarie del nazismo.

“ Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas, guardé silencio, porque yo no era comunista. Cuando encarcelaron a los socialdemócratas, guardé silencio, porque yo no era socialdemócrata. Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, no protesté, porque yo no era sindicalista. Cuando vinieron a buscar a los judíos, no protesté, porque yo no era judío y cuando vinieron a buscarme a mi , no había nadie más que pudiera protestar”

Esta es una historia bonita: Martin Niemoller, alemán, era un pastor Luterano que había sido un héroe de la primera Guerra mundial . Inicialmente, como patriota comprometido, tuvo una acogida entusiasta al nazismo, pero, siendo testigo de lo que empezaba a pasar allí, pronto se dio cuenta de lo que le pedía su fe cristiana y aun así se mantuvo titubeante. Cuando otro pastor (Bonhoeffer) exhortó a los cristianos a ayudar a los judíos, Niemöller le contestó que la iglesia tenía que preocuparse primero de su propia seguridad antes de alzar la voz por otros. Con el tiempo y el nivel de barbarie del que eran testigos, su oposición al régimen fue haciéndose cada vez más decidida hasta el punto que el mismo Hitler, furioso por la actitud de abierta rebeldía del elogiado héroe de guerra, ordenó su arresto el 1º de julio de 1937. A partir de entonces, Niemoller pasó ocho años en cárceles y campos de concentración nazis, con cuatro años de aislamiento, hasta que las tropas aliadas lo liberaron en 1945. Entonces fue cuando se hizo héroe de verdad.

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No digo yo que uno tenga que llegar a estos niveles de compromiso moral en la vida (o si), pero de ahí a retirarte para dejar pasar al ladronzuelo en plena calle con dos señoras pidiéndote ayuda hay un todavía un trecho por recorrer y se podría empezar por este poquito de compromiso ciudadano básico.

Con estos mimbres tenemos que hacer un cesto. Yo de momento me voy a tomar en serio lo del running otra vez porque casi perezco con la carrerita en cuestión y tal vez me apunte a unas clasecitas de defensa personal por si las moscas, porque aunque malos hay pocos, cobardes y pasotas hay muchísimos.

Carmen Cordón.

 

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