Homúnculo: un doppelgänger literario

Hace ya un tiempo, escribí una reseña sobre Las puertas de Anubis de Tim Powers, novela delirante de 1983 que ganó el Premio Philip K. Dick, ambientada en el Londres victoriano. Hoy hablaré de una novela igualmente delirante publicada un par de años después (en 1986), también ambientada en el Londres victoriano y también ganadora del Premio Philip K. Dick, y cuyo autor, James P. Blaylock, era amigo de Tim Powers, a quien además dedicó la novela. Más endogámico imposible, ¿no? Pero esta endogamia literaria dio buenos frutos, ya que Powers y Blaylock fueron los padres de ese subgénero tan de moda hoy en día, conocido como steampunk, que por supuesto no es ningún invento nuevo (nunca mejor dicho).

En Homúnculo, las fuerzas del mal se ciernen amenazadoramente sobre el Londres del siglo XIX. El jorobado loco Narbondo, con la ayuda del joven estudiante de alquimia Willis Pule, profana tumbas y devuelve a los muertos a la vida en los suburbios. Varios personajes se servirán de estos muertos vivientes para sus siniestros propósitos, como el evangelista Shiloh, mesías convencido de la llegada del Apocalipsis, o el millonario sin escrúpulos Kelso Drake, que busca por todos los medios la forma de hacerse con un motor de movimiento perpetuo para sus fábricas. Contra estos villanos de opereta se enfrentarán los miembros del Club Trismegisto, para nada el típico club de caballeros inglés, ya que está formado por personajes tan poco convencionales como el capitán Powers, veterano lobo de mar con una pata de marfil que también le sirve de pipa (¡!); el juguetero William Keeble, en realidad un inventor que crea toda clase de artefactos para sus amigos; el doctor Langdon St. Ives, empeñado en construir un cohete espacial; Jack Owlesby, hijo del científico malogrado Sebastian Owlesby; Bill Kraken, antiguo ayudante de Owlesby, borrachuzo autodidacta autor de las teorías más disparatadas; o el enigmático Theophilus Godall, filósofo y hombre de acción por igual. A este auténtico elenco de científicos locos hay que sumar la presencia de un dirigible pilotado por el esqueleto del viejo doctor Birdlip, que surca los cielos londinenses eternamente gracias a su motor de movimiento perpetuo… aunque otros dicen que ese dirigible fantasma está impulsado por la voluntad de un homúnculo de origen misterioso, desencadenante invisible de toda la acción del libro.

Como puede verse, a Blaylock no le falta imaginación, y en eso también se parece a Tim Powers, otro autor al que le encanta meter un montón de personajes en sus novelas, a cada cual más disparatado, y soltarlos por las callejuelas envueltas en la bruma londinense, a ver qué pasa. Como a Powers, a Blaylock puede considerársele una suerte de científico loco que cogió de aquí y de allá para crear ese fabuloso híbrido conocido como steampunk. Estamos hablando de un tipo que se dio a conocer con una novela sobre un tema tan decimonónico y aparentemente desfasado como el del viaje al centro de la tierra, The Digging Leviathan (de la que por cierto todavía no hay traducción al español, que yo sepa, lo cual me parece un pecado). En Homúnculo, tal vez su novela más conocida aquí, pueden rastrearse influencias de R.L. Stevenson, H.G. Wells y otros sospechosos habituales de la literatura victoriana. De hecho, tiene mucho de folletín de la época, pues como todo folletín que se precie, tiene muchos personajes y su argumento es rocambolesco y más bien confuso (el lector despistado puede llegar a perderse en este laberinto de callejuelas). Eso sí, la acción no decae en ningún momento, aunque a diferencia de Powers, Blaylock no tiene un estilo fluido. El suyo es más bien barroco, pero no se hace pesado, ya que lo compensa con su sentido del humor, más patente que en la obra de su colega. De hecho, a veces la frontera entre el homenaje literario y la parodia mordaz no está muy clara.

Hay varios guiños a Powers en la obra: como ya he señalado, uno de los personajes se llama precisamente Powers, y otro lee a un filósofo llamado William Ashbless (nombre que adopta el protagonista de Las puertas de Anubis cuando viaja al Londres del siglo XIX, y en realidad un personaje híbrido creado entre ambos escritores, un día que jugaban en su laboratorio). Hasta cierto punto, uno tiene la sensación de hallarse ante el mismo autor con dos nombres distintos, tantos puntos en común tienen Blaylock y Powers. El efecto puede llegar a ser inquietante. ¿Podríamos estar hablando de un auténtico caso de doppelgänger literario…?

 

 

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