Ian Curtis meets Jim Morrison

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Love will tear us apart, «El amor nos destrozará». Es el título de la canción más famosa de Joy Division, y también el epitafio de la tumba de su cantante, Ian Curtis, a quien el amor efectivamente le destrozó, pues, dividido su corazón entre dos mujeres, su mujer y su amante, acabó suicidándose el 18 de mayo de 1980, sintiendo que había fallado a su esposa y que ya no podía hacer nada por solucionarlo. Aunque seguramente no fue esa la única causa para terminar con su dolor (sin duda también influyeron su epilepsia, que se había agravado, así como sus tendencias depresivas), sin duda fue el motivo principal. Sólo tenía 23 años.

Jim Morrison acabó sus días en una bañera de París, de forma bastante sospechosa, un 3 de julio de 1971. A día de hoy, las circunstancias de su muerte todavía son bastante oscuras, aunque no hay que descartar tampoco la posibilidad del suicidio, pues por aquel entonces Morrison ya era una persona desahuciada por la vida que no había sabido digerir su fama y había caído en una espiral descendente de autodestrucción y exilio. Sólo tenía 27 años. Su tumba tiene un epitafio apropiado: «Fiel a su propio espíritu», que al estar en griego ha dado pie a alguna traducción libre tan interesante como «Consumido por sus demonios».

Ian Curtis y Jim Morrison… Los dos fueron unos genios incomprendidos en vida, rara avis en sus respectivas escenas musicales (la California hippy de los 60 y el Manchester punk de los 70, con los que realmente poco tenían que ver). Los dos murieron jóvenes, convirtiéndose en mitos tras sus trágicas muertes, figuras de culto retratadas en respectivas películas (mucho más fidedigna Control de Anton Corbjin que la efectista The Doors de Oliver Stone, por cierto). Pero Morrison y Curtis tenían muchas más cosas en común, como veremos a continuación…

Ante todo, ambos eran poetas fascinados por el abismo. Artistas que se expresaban por medio de su música, capaces de extraer de las profundidades del alma humana todo el dolor del mundo y plasmarlo en sus canciones. Sus letras hablan de temas atemporales: los estragos del tiempo, los sinsabores del amor, el desengaño, la soledad y alienación del individuo, el horror cotidiano que subyace en la vida en las grandes urbes (¿qué se puede decir de canciones con títulos como Dead souls o People are strange…?). Los dos eran almas sensibles, hombres complejos y atormentados que no supieron lidiar con la vida. Y tal vez se tomaban demasiado en serio lo que hacían, algo por otra parte muy común entre los verdaderos artistas… En su mente no estaba servir de entretenimiento a las masas, desde luego.

Los dos parecían poseídos cuando se subían al escenario y les daban ataques en directo. En el caso de Curtis, sus bailes robóticos podían llegar a convertirse en ataques de epilepsia que le dejaban completamente fuera de combate (una de sus canciones más conocidas, She’s lost control, habla de esto). A Morrison le daban desmayos repentinos de origen desconocido. Uno nunca sabía cómo podían acabar sus conciertos, pues además Morrison era un provocador que gustaba de boicotear sus propias actuaciones, y a veces fingía los desmayos. Se hacía llamar el Rey Lagarto y se consideraba a sí mismo un chamán que hacía magia con su música sobre el escenario (en realidad, una forma de enmascarar su timidez: en sus primeros conciertos cantaba de espaldas al público). En ese sentido, Curtis no se quedaba atrás, pues parecía entrar en trance en cuanto se acercaba al micrófono.

Siendo grandes lectores, los dos sacaron los nombres de sus grupos de libros. En el caso de los Doors, de un verso de El matrimonio del cielo y el infierno de William Blake («Si las puertas de la percepción se purificasen cada cosa aparecería al hombre como es, infinita.») que, a su vez, dio nombre a un ensayo de Aldous Huxley titulado Las puertas de la percepción, bastante popular en los 60, ya que trataba los efectos del LSD desde una óptica espiritual.

En el caso de Joy Division, su nombre procede de La casa de las muñecas del novelista Ka-Tzenik, y era el que se daba a las unidades de prisioneras judías que eran forzadas a prostituirse en los campos de concentración. Ambos nombres, por tanto, manifiestan un anhelo de sus creadores de trascender la mísera condición humana.

Entre las influencias literarias de Morrison se encontraban poetas malditos como William Blake, Baudelaire, Rimbaud, Gérard de Nerval o el diabólico conde de Lautreamont. Entre los autores favoritos de Curtis estaban William Burroughs, Nietzsche, Dostoievski, Kafka y el maestro de la ciencia ficción distópica J.G. Ballard (Curtis se inspiró en uno de sus libros más escalofriantes para componer su tema apocalíptico Atrocity Exhibition), todos ellos autores en la misma línea pesimista acerca del mundo y el lugar que el individuo ocupa en él. Además, entre las influencias musicales de Curtis se suele citar a David Bowie, Iggy Pop y sí, a su admirado Jim Morrison.

En mi opinión, el que más le influyó de todos estos cantantes, fue, con diferencia, Jim Morrison. Las voces graves de barítono de Morrison y Curtis se parecen: suaves, hablan de sentimientos frustrados; salmódicas, anuncian calamidades como los profetas. Es algo de lo que siempre se ha hablado, pero nunca se ha hecho el suficiente hincapié en ello. En según qué canciones, Joy Division parecen los alumnos aventajados de los Doors, y no es ninguna exageración. Se dice que, a diferencia de otros famosos grupos de rock, los Doors no tuvieron sucesores, que influyeron en muy pocos contemporáneos y grupos venideros, pero opino que sus sucesores fueron precisamente Joy Division, aunque puede que ni ellos mismos fueran conscientes de tal cosa.

También se dice que Joy Division puede considerarse el primer grupo gótico, pero la verdad es que los Doors ya hacían rock gótico mucho antes que ellos. Es perfectamente válido denominar a su música, en general tan desesperanzada y sombría como la de Joy Division, gótico americano (sobre todo cuando uno escucha temas tan escalofriantes e inquietantes como L’America o Not to touch the Earth). Mientras sus coetáneos hippies hablaban de paz y amor, los Doors hablaban de decepción, la realidad de un mundo despiadado y cruel y la atracción por el otro lado. Joy Division no inventaron nada nuevo, en verdad, se limitaron a recoger el testigo en plena explosión del punk, cuando la juventud estaba más desencantada que nunca. Temas suyos como Colony o Atrocity Exhibition, y temas de los Doors como When the music’s over o The End pasean al oyente por perturbadores paisajes de desolación (las Horse Latitudes de las que habla Morrison en otra de sus canciones…).

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Tanto Jim Morrison como Ian Curtis eclipsaron a los demás miembros de sus grupos, que sin ellos no eran nada, hablando claramente. Lo demostraron los Doors al sacar dos discos malísimos después de la muerte de Morrison, de los que ya no se acuerda nadie, y lo demostraron Joy Division al transformarse en New Order tras la muerte de Curtis, alejándose por completo de lo que habían hecho con él y facturando aburrimiento post-industrial en forma de discos que lo mismo podrían servir como posavasos.

Hay grupos musicales que, por la razón que sea, te llegan al alma más que otros, grupos cuya música es profunda y pegadiza al mismo tiempo (algo bastante inusual), y cuyas canciones permanecen estrechamente ligadas a tu vida sentimental. Para mí, Joy Division y The Doors son dos de esos grupos. No puedo escuchar los elocuentes versos de canciones de Joy Division como Love will tear us apart, Day of the lords (Where will the end?, se pregunta Curtis en su estribillo), Candidate (I tried to get to you…) o Insight (But I remember when we were young…), o canciones de los Doors cuyos títulos ya lo dicen todo, como Waiting for the sun, You’re lost little girl, Summer’s almost gone o Riders on the storm, sin evocar ciertos recuerdos y verme embargado por intensos sentimientos. Son canciones que emocionan, que te tocan el corazón. Música atemporal, de una belleza cruel, ajena a las modas. Cuando uno pincha discos como Strange Days o Unknown Pleasures queda hipnotizado por la serpiente. Y ya no hay vuelta atrás.

 

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