Múnich: Glühwein, cocina oriental y detectores

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El destino elegido para pasar las Navidades 2016 fue Múnich: la magia de Baviera y sus mercadillos navideños. El lugar tranquilo para un viaje en pareja, donde dejarse embelesar por ese estado hipnótico al que te conducen el combinado de luces, abetos, guirnaldas, música y el cálido Glühwein (vino caliente) que no emborracha (no a un español), pero alegra el espíritu y las manos frias.

El hecho de que semanas atrás, una acción más del enemigo de la civilización occidental, en un maldito camión negro (el color no es casual), decidiera invadir el pequeño mercadillo navideño (otro símbolo), del Berlín oeste, no nos arredró. Incluso comenté con Sandra Llabrés, desde los micrófonos de las Tardes Inmediátikas, en Ultima Hora Radio, la necesidad y la voluntad de no ceder al terror, uno de los objetivos de esta gente.

La verdad es que esperábamos un férreo control de entrada al aeropuerto: colas, registro de maletas y mucha presencia policial.
La sorpresa fue, precisamente, hallar lo contrario. Ausencia hasta de personal del propio aeropuerto. Poquísima policía a la llegada y durante la recogida de equipaje.

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Durante los días trascurridos en Múnich, circulando por el centro histórico, en los diversos Mercadillos de Navidad, y los lugares donde sería posible una repetición de atentado (tal como los medios aventuraban), no había -pueden creerme-, evidencias de cuerpos de seguridad. Si iban disfrazados de campesinos bávaros en Lederhosen, entonces lo creeré y aceptaré el método (gato blanco o gato con puntillas, pero que cace ratones). El último día, si vimos a dos agentes con subfusiles, que nos indicaron, amabilísimos, una dirección.

Para quien no hable alemán y en un primer momento extrañe la señalética urbana, tengo que decir que eso se resuelve con facilidad, debido a lo dispuestos que son los muniqueses, para indicarte direcciones o incluso traducirte algo.
Tanto si son ciudadanos, tenderos, empleados, guardias (alguno había y muy amable también). Todo el mundo habla inglés y si no, se esfuerza en su idioma, te señala y se vuelca en la intención de ayudarte, incluso en plena noche, sacando el móvil, preguntando cual es tu hotel y asegurándose de que tomas la dirección resultado de la pesquisa.
La capital de Bavaria da para un viaje corto o semanas. La arquitectura es fantástica y sus museos son fascinantes.
Para un amante de la cerveza, Múnich es un paraíso. La Universidad imparte una especialidad técnica. Incluso el Museo Judío, dedica su exposición temporal actual a la relación de personas del mundo hebreo con la cerveza. Y pude probar la que sponsoriza la muestra.
La sorpresa me la tenía que llevar en el momento de la partida. Como en los buenos espectáculos: fuegos artificiales.

El Aeropuerto de Múnich es considerado como el mejor de Europa.

Resuelto el check-in, tuvimos tiempo de tomar un Menú Oriental y de echar unas risas haciendo un vídeo.
A la hora del control de seguridad, estaba pasando una gran cantidad de ciudadanos que supuse de origen tunecino o marroquí (cosa que es más que evidente en las vestimentas de ellas). Una pareja llevaba un niño con un enorme berrinche. Yo comenté espontáneamente: Vaja disgust!. El padre, que al parecer entendía el catalán, asintió sonriendo. Ambos reímos.

Estaba interesado por no tener que quitarme las botas, y me iba fijando en las personas que iban pasando el arco. Nadie al atravesarlo pitaba; incluso con botas muy de montaña, de esas que tienen remaches metálicos. Justo delante de mi, iba un chico con un blue jean, que llevaba una placa de metal. Pensé: “éste descarrila el arco”…¡Oye!, ¡pues pasó como la Virgen de la Esperanza el arco de la Macarena!.
Entonces voy yo, con unas botas superlight y un jean sin remaches, sin cinturón, y el detector repica como las campanas de Westminster el día de la coronación de Jorge II.

Pensé que la cosa seguiría con el simple pasarme por los costados esa cosa que es como un alisador de pelo, por poner una analogía decente, pero NO. El policía me cita, como a un morlaco, en el centro del espacio posterior, y me dice mirándome a los ojos (tal que si me propusiera bailar un tango arrabalero), que me va a hacer un Test de Explosivos.
Se me confirma entonces que el sonajero no ha pitado por mi gomina, cuando los demás llevaban cosas metálicas y no les había dicho ni mu.
Siempre he hablado y escrito a favor de las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado, de cualquier estado, y si te toca, te toca aguantar el control.

El funcionario, me pide que extienda las palmas hacia delante, y arriba tal como Sor Margarita en mi primer colegio, pero en lugar de darme un palmetazo con la regla, me pasa una cartulina por cada mano y luego por el forro polar (suavemente, como acariciándome el aura). Seguidamente la introduce por un “Detector de rastros” que tenemos delante y entonces puedo leer claramente que entra en…RED ZONE! y no me acuerdo bien de lo que decía porque mi sorpresa fue mayúscula.
El tipo entonces me dice: “¡Ah!, ¡lo siento!”, con una expresión como si me hubiera pillado con el carrito del helado.

–“Tengo que seguir con el test”

Que digo que menos mal que no fue el de paternidad porque no tenía yo cuerpo, en ese momento.
El funcionario (tal vez es ahora cuando recuerdo esa incomodidad), estaba muy pegado a mi. En un momento de espera, hizo un gesto de indicación de desplazarse a la derecha, que yo interpreté que era a mi. Lo hice, obediente y el tipo efectuó un movimiento rápido en ademán de placaje. Entonces supe que ese caballero sospechaba realmente de mi y alguna glándula sudorípara en mi cuero cabelludo comenzó a trabajar.

En esas, apareció alguien con otro cartón de Bingo del pim, pam, pum, y vuelta a lo mismo. Y ahora también, en las suelas de las botas.
El laboratorio, debían tenerlo cerca o esa papelina debe de ser algo entre las Polaroid y el Predictor: Resultados rápidos. Fiables no, porque se equivoca “como una coja haciendo punto”, pero rápidos si. A lo mejor la máquina no es alemana porque les sale muy cara y la Merkel les ha dicho que la compren en el Outlet del FBI. (La maquina hablaba inglés).
Para entonces, volvió otra señorita con el resultado de mi analítica y el funcionario dijo que podía irme. ¡IRME!… Así: ¡sin darme ni un recuerdo de mi colaboración con la seguridad ciudadana!. Ni un diploma con vitola, un vaso de agua con litines para el mal trago, ni nada…
Por lo menos podían haberme regalado alguno de los cartones, como en el Un,Dos,Tres.

Ustedes me perdonarán. Yo no dije ni pío, colaboré en lo que me pidieron y me tragué todo el susto, pero como ciudadano libre tengo derecho a sacar mis propias conclusiones. Con ello no ofendo a ningún cuerpo policial sino todo lo contrario. Verán:

– La Policía alemana, o el cuerpo que corresponda hacer ese control en el aeropuerto NO es racista ( lo que se entiende por ser hostil a personas de razas no europeas). De toda esa gente el más ario, el único en ese momento, era yo y me tocó.
O sea: mejor no ser rubio. Eso está bien en los Restaurantes de Munich, NO, en el Aeropuerto.

– Los arcos en el Aeropuerto de Múnich, oficialmente llamado Aeropuerto Franz Josef Strauss International, son como los Pimientos de Padrón: unos pitan y otros no.

– Si ustedes van a pasar un control en el Aeropuerto de Múnich, justo antes, un consejo: no toquen a su mujer, aunque sea por encima de la ropa, y/o no coman ni toquen comida oriental. Puede contener elementos que despisten al Testador del Control de Seguridad. Mayormente en lo de los explosivos.

¿Volver a Munich?… Uhmmm. Si es por los amables muniqueses, si. Pero me siento más seguro con nuestra eficaz policía española.

 

JAIME ROIG DE DIEGO

Jaime Roig de Diego es artista plástico, escritor, y publicitario. Ha ejercido como Director Creativo de MATAS Publicidad,sl, durante muchos años Su primer libro: EL IN-PERTINENTE , es una recopilación de artículos publicados en IN-MEDIATIKA, junto a textos y relatos inéditos. Cada capítulo lleva una ilustración original y, al final una separata con una selección de cuadros de diferentes épocas. Compra EL “IN-PERTINENTE” Jaime Roig de Diego en Amazon . http://www.amazon.es/ y léelo en papel o en tu dispositivo Android, iPad, iPhone, Mac o Windows 8. Y, por supuesto, también puedes leer el libro Kindle en tu Kindle o Kindle Touch.

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