Soy mujer, no tengo hijos y soy feliz

Mi nombre es Beatriz Vilas, soy una despertadora emocional, coach y empresaria de profesión, tengo 44 años, no tengo hijos propios y soy FELIZ. (www.beatrizvilas.es)

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Hace algún tiempo leí un post que hablaba sobre este tema y me vi totalmente identifica en la autora y tras 12 años escribiendo en revistas, periódicos y 3 libros a mis espaldas, intentando ayudar a todas las personas que día a día acuden a mi despacho en Palma o al virtual a través de la red, para liberarse de sus ataduras emocionales. Hoy he decidido escribir sobre algo que durante los últimos años me ha incomodado mucho y ha creado en mi muchos conflictos.

Tuve la fortuna de nacer en una familia de clase media y recibir una educación religiosa hasta la universidad y con ello, insertar en mi ADN, muchos imput relativos a la familia, los cánones sociales, creencias, en muchas ocasiones limitantes, que poco a poco fueron creando mi personalidad.

Pero lo cierto es que desde pequeñita fui distinta al resto de las niñas de mi entorno y fui una rebelde sin causa y en muchas ocasiones con causa.

Se había dibujado para mi una vida de señorita, educación en colegio religioso, clases de piano y ética, costura, mecanografía… .Todo lo que me haría falta para poder ser una ama de casa perfecta y tal vez, una secretaria o como mucho maestra perfecta.

Y así fue y al terminar el bachillerato, me vi estudiando la carrera de Magisterio, porque era lo que se esperaba de mi. Mi primer marido quien fue un santo, ya me cortejaba desde los 17 años y claro… ¿qué iba a hacer?.
Pero en tercero de carrera, me metieron en una clase con 20 niños de 3 años y llegué a mi casa llorando y diciéndole a mi madre: “Mamá me he equivocado, esto no es lo que quiero para mi”, a lo que ella me contestó que… “se me pasaría”, pero no se me pasó.

Me independicé a los 21 años, con el disgusto de mis padres por no haberme casado y comencé a trabajar compaginando mis clases en ese colegio y un trabajo en una empresa de transporte internacional, en la frontera francesa, ya que vivía en San Sebastián. Pero mi angustia por ver mundo no se me pasó.
Me casé de blanco y por la Iglesia finalmente para que mis padres y suegros estuvieran contentos, en el mismo colegio religioso (las dominicas de la Anunciata) , donde hacía las sustituciones, porque se esperaba de mi que pronto tuviera familia, pues un matrimonio sin hijos era como un jardín sin flores.

Pero mi angustia iba creciendo cada día que pasaba en aquella vida predeterminada y escrita desde el momento en el que nací.

Y una mañana 10 años después, tras no poder darle más largas a mi exmarido, quien deseaba un hijo como loco y harta de una vida que me ahogaba, que estaba diseñada para mi, me levanté cogí una maleta y me fui a ver mundo y 14 años después sigo haciendo lo mismo y soy feliz.

Tuve la fortuna de conocer a una psicoanalista fantástica, ya que todo el mundo había decidido que en mi cabeza algo fallaba. Lo tenía todo, habíamos conseguido un nivel económico muy acomodado, una casa en el mejor sitio de San Sebastián, una carrera profesional de mujer, un marido perfecto, ¿qué más podía desear, si no era tener hijos?.

Y aquella mujer, a la que años después derivaría a varios de mis clientes, cuando mi formación como coach no me permitía tocar ciertos temas, me enseñó que era “normal”, que no todo el mundo está hecho para tener una familia de “pin y pon” y que esos librillos que escribía desde que comencé a hablar y que escondía en mis armarios, tal vez, algún día serían publicados.

Me dijo que no pasaba nada si era “distinta” a lo que se esperaba y que no todo el mundo tiene los mismos sueños y el mismo destino en este mundo.

Y así fue, cogí mi maleta y comencé a viajar, leer cosas distintas, estudiar y buscar mi lugar en el mundo y me topé con el Coaching en esa búsqueda.

Un amigo me comentó que aunque en España no había casi nada, en EEUU era una profesión de futuro y busqué y busqué hasta que encontré los primeros cursos on line en EEUU, después presencial en Valencia y tras dos años de estudio, decidí montar mi negocio de Coaching, donde llevo 12 años, despertando emocionalmente a las personas que lo necesitan.

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