Te quiero, porque te quiero

Por Carmen Cordón Muro, periodista y autora de “Historia de un secuestro”.

Amor de verdad, qué pocos lo conocemos.

Hay tantas clases de amor…

La semana pasada me dediqué a hacer un vídeo de esos sorpresa para celebrar el 50 cumpleaños de Ignacio (mi marido). A toda velocidad y casi sin tiempo rogué a todos los invitados a su fiesta que enviaran un vídeo contestando en 20 palabras a la pregunta ¿Por qué quiero a Ignacio? Mi idea era, con esas respuestas, hacer un montaje gracioso para él. Aprendí mucho.

 

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El primer aprendizaje fue que somos un país de gente maravillosamente indisciplinada, llena de creatividad y, exceptuando contados casos, de los cumplidores a raja tabla de mis especificaciones (entre los que estaba yo), cada uno hizo y dijo lo que le dio la gana durante un rato bien largo, se vinieron arriba…

El vídeo dio muchísimo más trabajo, pero reconozco que salió infinitamente mejor. (A veces es mejor no querer controlarlo todo tanto).

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La segunda enseñanza de la hazaña del vídeo fue que los mensajes recibidos fueron tan conmovedores y maravillosos, que al escuchar las reflexiones de todas esas personas ( algunas desconocidas para mi) me enamoré más de él. Es un buen ejercicio ponerse en puntos de vista ajenos.

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La tercera luz que se me encendió con la elaboración del vídeo fue que nadie acertó con la respuesta exacta a tan sencilla pregunta:

¿Por qué quiero a Ignacio?

Me explico:

Todos los mensajes eran auténticos chutes de afecto, consideración, respeto, cariño y estima para él. Muchos decían amar a Ignacio por su lealtad, su enorme generosidad, su carisma, su inteligencia, su seguridad en sí mismo, su rectitud, por cómo se entrega por los demás cuando se le necesita… Todo ello es completamente cierto. Y se agradece oírlo. Pero eso no es por lo que le quieren, o al menos, si es por eso, entonces no es amor verdadero.

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Resulta que nadie manda en el corazón de las personas, ni uno mismo en el suyo propio. El corazón va por libre y no atiende a razones, por mucho que las haya.
Que levante la mano quien no haya deseado amar a alguien y no haya podido hacerlo. Ese buen chico que te cuidaba, te mimaba, sabías que te deseaba y cuánto te convenía… pero no podías quererle y punto. O viceversa: cuando has amado a alguien locamente y has permitido que esa mujer pérfida y depredadora haga añicos tu corazón y tu dignidad sin que puedas dejar de amarle. Muchos de mis amigos han pasado por el trance del divorcio y cuando uno está en esos duros momentos de tomar la decisión final, más de uno imploraba al cielo poder “querer” de nuevo a su pareja. Imposible. La razón es sencilla. Nadie manda en el corazón de las personas. Ni uno mismo.

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Este es el precioso (y riquísimo) pastel que elaboraron el fabuloso equipo de Hotel Posada Terra Santa. ¡Gracias Julissa Lorenzo por esta obra de arte!

Me gusta pensar que ese “uno mismo” es mi verdad, mi verdadero yo y lo demás son intoxicaciones de mi mente demasiado amaestrada por la vida. Me gusta pararme a escucharle. Cerrar los ojos y los oídos y ver que siento “ de verdad” respecto a todo.
Me gusta ampliar la visión clásica de cuerpo y alma y pensar que estamos hechos de tres esencias. Cuerpo, mente y alma (como dicen los Yoguis) y entender que es esta última la que manda aquí. La que quiere, la que no te perdona si te has pasado, la que no te deja dormir por muchas excusas que le des cuando te equivocaste, la que es políticamente incorrecta alegrándose en silencio de sucesos inconfesables…. Me gusta observar mis sentimientos, descubrirme y quererme.

Cuesta un trabajito, a toda esta observación la llaman viaje interior, pero cuando te dedicas a ella el descubrimiento es fascinante. Tranquilamente te aceptas, lo entiendes todo. Creo que todo esto tiene que ver conque desde la tierna infancia todos lo que nos rodean nos aman con condiciones. Padres, profesores, compañeros, nos han juzgado y nos juzgan, si te portas bien nos premian y en caso de no ser lo que se espera de ti, nos castigan, y eso nos lleva a mezclar el amor con el temor. Al final tememos SER.
Una pena, en esta vida a todos se nos ilustra sobre el éxito de los inteligentes, a todos nos han aleccionado sobre la victoria de los fuertes pero no se nos enseña LA GLORIA DEL QUE AMA. Ya está bien de condenarnos a nosotros mismos a no sentir el amor en toda su pureza. Aquel que se ama se hace imbatible.

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Quiérete tal y como eres. Ese es el amor que importa, el único, el incondicional, el que de verdad reconforta, el que viene de adentro y si además tienes los arrestos de SER tú mismo y mostrarte sin más, a partir de ahí, quien te quiera, ese merecerá la pena.
Para mi, ese es Ignacio.
PD.- Mi respuesta en el vídeo fue: “ Nadie manda en el corazón de las personas, te quiero desde la primera vez que te vi. Te quiero y punto.”

http://www.poemas-del-alma.com/blog/mostrar-poema-211648




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