Vida de barrio

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Por acumulación de años y de circunstancias, uno ha ido sumando experiencias gastronómicas notables. He tenido la oportunidad de sentarme “a manteles” de grandes profesionales de la cosa de los fogones (donde, según Sta Teresa, también está Dios, lo que quiere decir que no debe ser mal sitio). En ese tiempo, me he hecho amigo de algunos Chefs y he visto pasar tendencias gastronómicas en las Cartas de los Restaurantes, como si fueran sombras del Tarot desfilando en la voluble pasarela de la moda culinaria.

Hoy los establecimientos standard, que son los que están llenos, suelen ser franquicias o auto copias. En realidad no son Restaurantes, son “Servicios de expendeduría de alimentos fríos o calientes”, un estilo de comida más o menos molona en un escenario que podría parecerse a una tienda de ropa, servido por dependientes de comida. Excuso decir que los elegantes y experimentados Maîtres y Sommeliers, hace tiempo que disfrutan de sus jubilaciones. Hasta esas mismas palabras están jubiladas.
Los dependientes de comida, son capaces de sacarte un Tartare ya hecho y emplatado (sin preguntar el punto de picante), de no se sabe donde, y me van recordando a los bellezones que te sirven en West Hollywood, y que algún día verás en una serie o en una peli (siempre salvando distancias).
Al parecer, para contratar el personal de mesa destinado al banquete de boda del DJ. anteriormente conocido por Paquirrín, hicieron un casting con gente menor de 40 años.

Naturalmente, están las casas de los Chefs: Restaurantes con nombre y apellidos. Uno no puede ir cada día, pero tenga la certeza de que ahí va a encontrar una carta con un discurso coherente junto con la lista de vinos para maridar y un personal solícito dispuesto a ayudarle a que su elección sea de su agrado (lo será). Nuestros y nuestras Chefs -utilizo sólo por esta vez esta fórmula, para subrayar el avance estadístico femenino-, son excelentes, la marca España en su lado más exportable.

Y siempre nos quedará esa otra cosa que los franceses llaman quartier: “el barrio”. Con atributos y personalidad diferenciada, y una actitud autodefensiva, sabiendo que por naturaleza, todos los barrios tienden a ser difuminados y paulatinamente engullidos por la pantagruélica ciudad.

Donde uno tiene su triclinio de verano, a la espera de que la Hierba Luisa se haga más enorme aún, existe, crece y florece, desde hace años “Il Forno a legna” un establecimiento lleno de encanto y éxito de público, por la sabia dedicación de sus propietarios, un acertado tándem Italo-mallorquín o viceversa: Genaro, un napolitano con aspecto de Senador de la antigua República de Roma (Senātus Populusque Rōmānus), y su socio Jaume, mallorquín cabal, que siempre me recibe con una cálida sonrisa que equivale a dos cipreses (los romanos plantaban un ciprés para indicar un lugar con agua, y dos si también había comida).

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La cocina de “Il forno” hecha a fuego de leña, es sencilla, muy abundante, con el encanto de una Trattoría y la cordialidad de un personal eficiente que sirve a familias, amigos y gente que quiere comer bien, gastar poco y encima, ver un paisaje que recuerda vagamente a la Toscana.

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Muy hábilmente, siendo un Ristorante familiar, los niños tienen sus espacios demandados por ellos mismos, y de ese modo no interfieren con el confort de los otros comensales.

“Il forno” es casi, la cocina de mi casa en verano y mis amigos cuando llegan a la isla, quieren tener alguna cena allí.
Para llegar hasta aquí, en los trayectos de mi infancia, en autobús, había puntos suspensivos, campos de almendros y paradas en la nada. Hoy esos tiempos de ventanilla y espera, se llenaron de centros comerciales que son las puertas de una muralla comercial invisible que rodea a la ciudad. Pero aún queda algo: es el encanto de la vida extramuros, donde el autobús llega con poca gente que se conoce entre si. Las casas se van pasando de padres a hijos y cuando alguien te manifiesta el deseo de venir o comprar, se nos pone una cara de perro como si todos fuéramos un cuerpo hostil y resiliente.

PolichinelaEn Establiments, no tenemos aceras (voravies), y nos matan a las viejitas en bata que se salen un metro de su casa porque pasan volando energúmenos que se creen pilotos de Fórmula 1. Aunque no sólo peligran las personas con menos reflejos. Sin aceras, caminas por el lado del enemigo, campo minado.
Pero que no nos menosprecien. En su momento ya paramos (o desviamos) un Gaseoducto.

Con todo eso…frente a una birria de mundo gestionado por los grandes como una porqueriza, siempre nos queda la resistencia numantina de la vida en el barrio.

JAIME ROIG DE DIEGO

Jaime Roig de Diego es artista plástico, escritor, y publicitario. Ha ejercido como Director Creativo de MATAS Publicidad,sl, durante muchos años Su primer libro: EL IN-PERTINENTE , es una recopilación de artículos publicados en IN-MEDIATIKA, junto a textos y relatos inéditos. Cada capítulo lleva una ilustración original y, al final una separata con una selección de cuadros de diferentes épocas. Compra EL “IN-PERTINENTE” Jaime Roig de Diego en Amazon . http://www.amazon.es/ y léelo en papel o en tu dispositivo Android, iPad, iPhone, Mac o Windows 8. Y, por supuesto, también puedes leer el libro Kindle en tu Kindle o Kindle Touch.

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